ELN libera a dos policías secuestrados en Arauca tras casi un año de cautiverioActualizado · hoy
Resumen
El Ejército de Liberación Nacional (ELN) liberó a los agentes de la Dijín Franki Esley Hoyos Murcia y Yordin Fabián Pérez Mendoza, quienes permanecían secuestrados desde julio de 2025 en Arauca. La entrega se realizó ante una comisión humanitaria integrada por la Defensoría del Pueblo, el Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR), la Misión de Verificación de las Naciones Unidas y la Iglesia Católica. El ELN argumentó que los uniformados habían cumplido el tiempo necesario dentro de una sanción impuesta tras un "juicio revolucionario" por "espionaje", calificando la decisión como una libertad "por pena cumplida".
La Defensoría del Pueblo y la Policía Nacional rechazaron el argumento del ELN, señalando que ningún grupo armado puede juzgar personas o imponer condenas, y que se trató de una retención ilegal. La Policía reiteró su rechazo al secuestro y afirmó que la liberación no es un gesto que merezca agradecimiento, sino el fin de una acción ilegal. La Defensoría aprovechó para reclamar la liberación de dos funcionarios del CTI de la Fiscalía, Rodrigo López y Jesús Antonio Pacheco, también secuestrados y sometidos a un supuesto juicio revolucionario.
El ELN aseguró que sigue abierto al intercambio humanitario de prisioneros de guerra y que los funcionarios del CTI aún permanecen en su poder, cumpliendo condenas según su propio juicio. La liberación se produce en un contexto de conversaciones de paz entre el Gobierno y el ELN, y tras varios meses de incertidumbre para las familias de los uniformados, quienes habían pedido públicamente su liberación.
Análisis Político
La liberación de los dos policías por parte del ELN, justificada por el grupo como "pena cumplida" tras un "juicio revolucionario", evidencia una estrategia de mantener la narrativa de su propia justicia y legitimidad, al tiempo que busca proyectar una imagen de cumplimiento de acuerdos, aunque sea unilateral. Esta acción busca presionar al gobierno y a la opinión pública, presentando la liberación como un acto de voluntad propia y no como una concesión ante la presión externa. La postura de la Defensoría del Pueblo y la Policía Nacional, al rechazar categóricamente la justificación del ELN y calificar el hecho como secuestro, construye una narrativa de defensa del Estado de derecho y los derechos humanos, buscando desacreditar las acciones del grupo armado.
El ELN gana al mantener a dos funcionarios del CTI secuestrados, utilizándolos como moneda de cambio y demostrando su capacidad de retención y negociación, lo que fortalece su posición en futuras mesas de diálogo. La Policía y la Defensoría, si bien logran la liberación de los dos agentes, pierden al no conseguir la liberación de los funcionarios del CTI y al tener que lidiar con la narrativa del ELN que deslegitima la autoridad judicial del Estado. La construcción de narrativas distintas se centra en la legitimidad de la justicia: el ELN se autoatribuye la facultad de juzgar y condenar, mientras que las instituciones estatales defienden la exclusividad del Estado en la administración de justicia y condenan el secuestro como un acto criminal.
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