EE. UU. revela nexos de Maduro con Farc y ELN para intercambio de armasActualizado · hoy
Resumen
La Fiscalía del Distrito Sur de Nueva York presentó una nueva acusación formal contra Nicolás Maduro y Cilia Flores, detallando presuntos vínculos criminales con las antiguas Farc y el ELN. El expediente sostiene que, tras la muerte de Hugo Chávez en 2013, Maduro se reunió con alias Timochenko, Iván Márquez y Jesús Santrich para negociar el pago de una deuda de narcotráfico mediante la entrega de explosivos de las reservas militares venezolanas. Esta alianza habría permitido a la guerrilla fortalecer su capacidad bélica contra Colombia a cambio de facilitar el tráfico de cocaína.
El documento judicial, que abarca un periodo de 25 años, describe un sistema de protección estatal donde funcionarios venezolanos facilitaron pistas clandestinas, transporte de armas en vehículos oficiales y contratos de PDVSA para grupos armados. La acusación incluye nuevos cargos por conspiración para cometer torturas, señalando que el régimen utilizó unidades militares y grupos narcoterroristas para reprimir a opositores y ciudadanos estadounidenses. Estas operaciones, según los fiscales, se extendieron al menos hasta 2017, involucrando a altos mandos de inteligencia en la logística de intercambio de armamento por cargamentos de droga.
La defensa de Cilia Flores solicitó recientemente el arresto domiciliario argumentando un deterioro en su salud, petición que fue rechazada por el juez Alvin Hellerstein. Mientras tanto, el proceso judicial continúa en Nueva York, donde Maduro y Flores permanecen detenidos desde su captura en Caracas el pasado 3 de enero. Aunque los antiguos jefes de las Farc son mencionados explícitamente en el relato de los hechos, el documento no los incluye como acusados en esta nueva fase del proceso.
Análisis Político
La estrategia de la Fiscalía estadounidense busca consolidar un relato de criminalidad transnacional que vincula directamente la estabilidad del régimen venezolano con el fortalecimiento de grupos armados colombianos. Al documentar el uso de recursos estatales, como explosivos militares y contratos petroleros, para financiar a organizaciones terroristas, el Departamento de Justicia eleva la narrativa de 'narcoterrorismo' a una estructura de Estado, lo que complica cualquier intento de defensa basado en la soberanía política.
En este escenario, el Gobierno de Maduro pierde legitimidad internacional al quedar expuesto como un facilitador logístico de la violencia en Colombia, mientras que los antiguos líderes de las Farc enfrentan una presión renovada para aclarar sus vínculos con el régimen ante la justicia colombiana. La construcción de esta narrativa permite a EE. UU. presentar una red de complicidades que trasciende el tráfico de drogas, posicionando la cooperación entre el chavismo y las guerrillas como un factor determinante en la desestabilización regional durante las últimas dos décadas.
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