Decreto Supremo 5676 genera rechazo en sectores productivos por incremento en precio del diésel
Resumen
El Gobierno boliviano promulgó el Decreto Supremo 5676, que establece un precio referencial de 18 bolivianos por litro de diésel para grandes consumidores, mientras mantiene el costo de 9,80 bolivianos para particulares y transporte menor. Esta medida busca reducir el déficit fiscal, frenar el contrabando de combustible y mitigar la escasez de divisas que afecta la importación de carburantes. Autoridades gubernamentales aseguran que el ajuste no debería impactar la canasta familiar ni los precios de productos básicos, argumentando que los grandes sectores ya adquirían el insumo a precios elevados en el mercado informal.
Representantes de la agroindustria, minería y construcción han calificado la norma como discriminatoria y advierten que el incremento elevará sus costos operativos, poniendo en riesgo la continuidad de obras y la rentabilidad de la producción nacional. Sectores como la Cámara Agropecuaria del Oriente y la Asociación de Productores de Oleaginosas y Trigo señalan que el decreto no soluciona el desabastecimiento y podría incentivar la creación de un mercado negro o la migración de productores hacia categorías menores para evadir el nuevo precio. Analistas económicos, aunque reconocen la necesidad de sincerar los costos ante la caída de la producción nacional, advierten sobre el riesgo de inflación si la medida no se acompaña de políticas sociales focalizadas.
La tensión política se intensifica ante la falta de consenso previo con los sectores afectados, quienes exigen una revisión de la normativa y la implementación de incentivos para biocombustibles como alternativa estructural. El Gobierno sostiene que la medida es una decisión audaz necesaria para corregir distorsiones acumuladas durante años, mientras los gremios insisten en que el impacto recaerá finalmente sobre el consumidor final. La incertidumbre persiste sobre la eficacia del decreto para eliminar las filas en los surtidores y estabilizar el suministro de energía en el país.
Análisis Político
La estrategia política del Gobierno se centra en una política de shock para reducir el déficit fiscal y la dependencia de la subvención, intentando trasladar el costo real del combustible a los sectores con mayor capacidad económica. Esta maniobra busca estabilizar las reservas internacionales y frenar el contrabando, pero expone al Ejecutivo a un desgaste social significativo al enfrentar a los sectores productivos más dinámicos del país, quienes perciben la medida como un ataque directo a su competitividad.
El Gobierno gana en términos de control fiscal y reducción de la carga sobre YPFB, pero pierde legitimidad ante los gremios productivos y corre el riesgo de enfrentar una escalada inflacionaria que afecte su base electoral. La narrativa oficial se construye sobre la necesidad de corregir errores estructurales del pasado, mientras que la oposición y los sectores productivos construyen una narrativa de 'discriminación' y 'falta de diálogo', señalando que la medida es una solución improvisada que no garantiza el fin de la escasez ni de la corrupción en la cadena de distribución.
Actualizado y revisado por el equipo editorial de Prensa Inteligente
Sesgo mediático
Artículos relacionados
El Diario
·
Agosto 18, 2026
|
Pros y contras del DS 5676: mercado negro, falta de divisas e incremento de precios
Radio Panamericana
·
Agosto 18, 2026
|
Carlos Bohrt advierte que nuevo precio del diésel impactará en la competitividad "si con esta medida no se resuelve el problema y las filas continúan"
Cargando comentarios…