Abelardo de la Espriella anuncia desmonte de institucionalidad creada para el Acuerdo de Paz
Resumen
El presidente electo Abelardo de la Espriella anunció que, a partir del 7 de agosto, eliminará la Oficina del Alto Comisionado para la Paz y la Unidad de Implementación del Acuerdo de Paz. El mandatario electo calificó a la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP) como un tribunal diseñado para la impunidad y manifestó su intención de que exlíderes de las Farc, como Rodrigo Londoño, cumplan penas de cárcel. Estas medidas forman parte de una reestructuración estatal que busca reducir el tamaño del Gobierno y marcar una ruptura con las políticas de paz de las administraciones anteriores.
La propuesta ha generado una fuerte reacción de diversos sectores políticos y organismos internacionales. El expresidente Juan Manuel Santos y el partido Comunes advirtieron que el Acuerdo de Paz es una política de Estado con obligaciones constitucionales y legales que trascienden los periodos presidenciales. Expertos jurídicos señalan que, aunque el presidente tiene facultades para reorganizar su gabinete, el blindaje constitucional del Acuerdo impide su desmantelamiento total por decreto, lo que limita el alcance real de las promesas de campaña.
La ONU, a través de su misión de verificación, instó al nuevo gobierno a acelerar la implementación de lo pactado para contener la violencia en regiones críticas. La preocupación central radica en que la desfinanciación o el abandono institucional de los compromisos de paz podría aumentar la inseguridad y facilitar el reclutamiento de excombatientes por parte de grupos criminales. Mientras el gobierno entrante busca consolidar su narrativa de mano dura, diversos actores insisten en que la seguridad y la paz deben ser abordadas de manera integral.
Análisis Político
La estrategia de De la Espriella se fundamenta en la construcción de un símbolo político que agrupa el rechazo a la JEP, a los gobiernos de Santos y Petro, y a la burocracia estatal, permitiéndole mantener movilizada a su base electoral. Al atacar la institucionalidad de la paz, el presidente electo busca diferenciarse de sus antecesores y capitalizar el descontento ciudadano frente a los resultados de la 'Paz Total', utilizando un lenguaje confrontacional que prioriza la narrativa de ruptura sobre la viabilidad jurídica de sus anuncios.
En este escenario, el principal riesgo político lo asume el propio Estado, pues la erosión de la confianza en los acuerdos firmados puede desincentivar futuros procesos de sometimiento y fortalecer a grupos armados ilegales. Gana el presidente electo al consolidar su identidad política ante sus electores, pero pierde la estabilidad institucional del país, ya que la incertidumbre jurídica sobre los compromisos de paz debilita la capacidad del Estado para gestionar el conflicto armado de manera sostenible.
Actualizado y revisado por el equipo editorial de Prensa Inteligente
Sesgo mediático
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