Los números detrás de OpenAI

Los números detrás de OpenAI

Cómo una empresa que pierde miles de millones de dólares está redefiniendo la economía de la inteligencia artificial

“Las compañías más valiosas del siglo XXI no siempre fueron las más rentables. Algunas fueron, durante años, las que más dinero perdían.”

Durante las últimas semanas, un titular se ha repetido en numerosos medios: ''OpenAI habría perdido cerca de 38.500 millones de dólares en 2025''. Para muchos, la cifra parece una señal de alarma. ¿Cómo puede una empresa con semejantes pérdidas aspirar a liderar la revolución tecnológica más importante de nuestra época? Sin embargo, la verdadera historia no está en esa cifra. La pregunta realmente interesante es otra: ¿Cómo puede una empresa perder decenas de miles de millones de dólares y, al mismo tiempo, convertirse en una de las compañías privadas más valiosas del planeta? Responder esa pregunta requiere comprender cómo está cambiando la economía de la inteligencia artificial.


Una startup que dejó de comportarse como una startup

Cuando OpenAI fue fundada en 2015 por Sam Altman, Elon Musk, Greg Brockman, Ilya Sutskever y otros investigadores, su objetivo era desarrollar inteligencia artificial de manera segura y abierta para beneficio de la humanidad. En aquel momento era una organización sin ánimo de lucro. Nadie imaginaba que diez años después competiría con Microsoft, Google, Meta, Amazon y las mayores empresas tecnológicas de la historia. El punto de inflexión llegó en noviembre de 2022 con el lanzamiento de ChatGPT. La aplicación alcanzó 100 millones de usuarios activos mensuales en apenas dos meses, convirtiéndose en la aplicación de consumo con el crecimiento más rápido jamás registrado. Para ponerlo en perspectiva, Instagram tardó más de dos años en alcanzar esa cifra; TikTok necesitó alrededor de nueve meses y Netflix varios años.

Desde entonces, OpenAI dejó de ser únicamente un laboratorio de investigación. Se convirtió en la empresa que marcó el inicio de la carrera global por la inteligencia artificial.


El origen de la reciente controversia proviene de un análisis financiero que reveló pérdidas cercanas a 38.500 millones de dólares durante 2025. El periodista e investigador Ed Zitron obtuvo estados financieros auditados que muestran pérdidas atribuidas a OpenAI cercanas a US$38.5 mil millones en 2025. Sin embargo, es importante aclarar que esa cifra incluye un enorme ajuste contable relacionado con la reestructuración de la empresa de organización sin ánimo de lucro a empresa con fines de lucro. Las pérdidas operativas fueron mucho menores, aunque siguen siendo extraordinariamente altas. La cifra es impactante, pero también requiere contexto. Una parte importante corresponde a ajustes contables relacionados con la reestructuración de la compañía y a compensaciones en acciones para empleados e inversionistas. Las pérdidas operativas, aunque extremadamente elevadas, fueron considerablemente menores. Esto no significa que OpenAI sea rentable. Está lejos de serlo. Pero tampoco significa que haya “quemado” 38.500 millones de dólares en efectivo durante un solo año. Es una diferencia fundamental que muchos titulares omitieron.

Evaluation financiera de ChatGPT através de los años por billones de dólares.

Crecimiento de ChatGPT en el tiempo por millones de usuarios.


Datos tomados de: Business of Apps, ChatGPT Statistics (Users, Revenue & Growth) (compiled from OpenAI announcements and industry estimates).


¿Dónde se va realmente el dinero?

Entrenar un modelo moderno de inteligencia artificial ya no se parece a desarrollar una aplicación móvil. Se parece mucho más a construir una central nuclear o lanzar un programa espacial. Los principales gastos de OpenAI incluyen decenas o cientos de miles de GPUs especializadas, centros de datos con miles de servidores funcionando las 24 horas, enormes consumos eléctricos, salarios para algunos de los investigadores mejor pagados del mundo, desarrollo de nuevos modelos y costos de inferencia, es decir, responder a cada consulta que realizan cientos de millones de usuarios. Cada conversación con ChatGPT consume recursos computacionales que, multiplicados por cientos de millones de usuarios, representan uno de los mayores costos operativos de la empresa. En otras palabras, OpenAI no solo invierte para desarrollar nuevos modelos. También debe financiar el funcionamiento continuo de los existentes.

La IA está cambiando las reglas del capitalismo tecnológico

Durante décadas existió una narrativa muy conocida en Silicon Valley. Dos estudiantes podían crear una empresa desde un garaje. Google comenzó con unos pocos servidores. Facebook nació desde una residencia universitaria. Amazon inició vendiendo libros por Internet. La inteligencia artificial de frontera rompe completamente esa lógica. Hoy no basta con tener una buena idea. También es necesario disponer de enormes cantidades de capital, acceso a chips avanzados, infraestructura energética, centros de datos e ingenieros altamente especializados. La barrera de entrada ya no se mide en miles o millones de dólares. En muchos casos se mide en decenas de miles de millones de inversión.

La comparación histórica

Muchas compañías perdieron dinero muchos años antes de volverse rentables, Por ejemplo Amazon le tomo 9 años, a Tesla 17 años, a Uber 15 años y a Netflix 5 años. Cada revolución tecnológica ha requerido inversiones cada vez mayores. La Revolución Industrial necesitó fábricas, asi como la industria petrolera necesitó pozos, oleoductos y refinerías. La aviación requirió plantas de ensamblaje y túneles de viento. La carrera espacial consumió cientos de miles de millones de dólares. La energía nuclear exigió décadas de investigación e infraestructura. La inteligencia artificial parece seguir el mismo camino, ya que entrenar un modelo de frontera ya no es un proyecto universitario, sino que es un esfuerzo industrial que requiere recursos comparables a los de las mayores empresas y gobiernos del mundo. En ese sentido, OpenAI se parece menos a una startup y más a un programa científico nacional.

Si OpenAI pierde dinero, ¿quién gana?

Paradójicamente, las mayores beneficiadas por la explosión de la inteligencia artificial no son necesariamente las empresas que desarrollan los modelos. Son quienes venden las herramientas para construirlos. NVIDIA es el mejor ejemplo. Cada nuevo modelo de OpenAI, Anthropic, Meta, Google o xAI necesita miles de procesadores gráficos de alto rendimiento. Mientras las empresas de IA compiten entre sí, casi todas compran hardware a NVIDIA. Algo similar ocurre con Microsoft, que obtiene ingresos por el uso de Azure; con TSMC, que fabrica los chips más avanzados; y con las empresas dedicadas a construir centros de datos e infraestructura eléctrica. En cierto modo, la fiebre del oro de la inteligencia artificial está enriqueciendo principalmente a quienes venden los picos y las palas.

Los defensores de OpenAI sostienen que las pérdidas actuales son una inversión para construir la infraestructura tecnológica del futuro. Argumentan que la empresa todavía se encuentra en una fase de expansión extraordinaria, donde el crecimiento de usuarios y empresas supera ampliamente a cualquier precedente histórico. Los críticos, en cambio, consideran que los costos de entrenamiento y operación podrían crecer más rápido que los ingresos, obligando a depender continuamente de nuevas rondas de financiación. La realidad probablemente se encuentre en un punto intermedio. Muchas de las compañías más exitosas de la historia como Amazon, Tesla o Uber, pasaron años acumulando pérdidas antes de alcanzar una posición dominante. La diferencia es la escala. Nunca antes una empresa privada había necesitado inversiones tan elevadas para competir en un mercado digital.


El debate no debería centrarse únicamente en cuánto dinero pierde OpenAI. La pregunta realmente importante es:

¿Quién puede permitirse perder decenas de miles de millones de dólares durante varios años seguidos?

La respuesta es inquietante. Muy pocas organizaciones en el mundo tienen acceso al capital, la infraestructura y los recursos necesarios para competir en la frontera de la inteligencia artificial. Esto podría significar que la próxima generación de modelos de IA no estará dominada por cientos de empresas innovadoras, sino por un reducido grupo de gigantes tecnológicos respaldados por gobiernos e inversionistas con recursos prácticamente ilimitados. La consecuencia más importante de la revolución de la inteligencia artificial podría no ser la automatización del trabajo, sino la concentración del poder tecnológico.


Las pérdidas de OpenAI han generado titulares llamativos, pero también han ocultado una realidad mucho más profunda.

La inteligencia artificial está transformando no solo la tecnología, sino también la economía de la innovación. Por primera vez desde el nacimiento de Internet, desarrollar la tecnología más avanzada ya no depende únicamente del talento o de una buena idea. Depende también del acceso a enormes cantidades de energía, capital, infraestructura y capacidad de cómputo.

Quizá, dentro de unos años, recordemos los miles de millones perdidos por OpenAI no como un fracaso empresarial, sino como el costo de construir la infraestructura sobre la que funcionará gran parte de la economía digital del siglo XXI. Porque, al final, la pregunta no es cuánto dinero está perdiendo OpenAI. La pregunta es cuánto vale llegar primero a la próxima gran revolución tecnológica.

Publicado por Equipo Editorial de Prensa Inteligente — Prensa Inteligente

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